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La sardina constituye uno de los pescados más populares en nuestro país. Es un pescado azul, graso y energético, con más vitaminas liposolubles que el pescado de carne blanca.
Además de grasa, las sardinas frescas tienen un elevado rendimiento nutritivo: contienen 18% de proteínas, 74% de agua, vitaminas A, D, B2, B3 y minerales muy diversos, como el sodio, fósforo, calcio, magnesio y hierro. Cada 100 gr de sardina proporciona alrededor de 150 calorías.
Las sardinas son un alimento muy recomendable. Su composición en ácidos grasos insaturados ayuda a equilibrar el exceso de grasas saturadas de nuestra dieta habitual. Los minerales y vitaminas que aportan convierten a este alimento en muy adecuado en la infancia, la adolescencia, el embarazo y la lactancia, épocas en las que las necesidades de nutrientes son elevadas.
Se dejan preparar de múltiples y variadas formas: fritas, a la plancha, a la barbacoa, guisadas y en escabeche. El único secreto es que estén muy frescas, y el truco, que siempre queden jugosas. Si se cocinan demasiado, perderán demasiada de la grasa que les da el sabor y el aroma.