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El langostino es un marisco que habita en los mares de todo el mundo. El Mediterráneo es el mar que alberga una de las variedades más apreciadas.
Aunque su aspecto se asemeja mucho al de los camarones, su composición nutricional tiene algunas particularidades que lo diferencian de ellas.
Los langostinos son un alimento poco energético con una relación favorable de grasas poliinsaturadas frente a las saturadas. Su contenido en colesterol es superior al de otros mariscos, sin embargo en relación a las cantidades que se consumen y a la calidad de su grasa, este alimento no resulta perjudicial.
Son fuente importante de proteínas, hierro, fósforo y yodo. Es junto con los camarones el marisco con mayor contenido en fósforo. Destaca su aporte de hierro entre los crustáceos y su contenido en yodo es tres veces superior al de los camarones.
Los langostinos tienen una carne deliciosa, su presentación siempre agrada y se prestan para hacer incontables elaboraciones culinarias. En frío y cocidos pueden formar parte de ensaladas variadas, aperitivos y salpicón de marisco, entre otros. En caliente, se pueden consumir a la plancha con limón, también cocidos, fritos, al ajillo, en arroces, pastas, como acompañamiento de pescados, en salsa, etc.
Si se van a emplear como ingrediente de algún plato, después de pelarlos conviene eliminar el hilo negro -tubo digestivo- que recorre el lomo, ya que amarga y puede estropear el sabor del plato.